Soñé que mí madre y yo habíamos llegado a una estación de trenes.

Allí se encontraban muchas personas esperando a que llegara el tren.

Pero yo no sabía el porque estábamos allí, ni cual de las dos era la que iba a viajar. En realidad, por mí mente no pasaba nada.

De pronto vi que el tren llegó, pero me pareció que era muy grande y que tenia un color gris obscuro.

Al detenerse vi que muchas personas se bajaban en esa parada y que había una inmensa línea esperando para subir.

Mí madre me dijo:

    -¡ven hija, hagamos la línea!

Yo nada dije, solo fui tras ella y las dos nos paramos esperando también para subir.

Así, en esta espera, pasaron quizás más de una hora. En ese tiempo pude notar que las personas que subían al tren eran llamadas por su nombre y apellidos, por un hombre muy extraño, el cual anotaba en un libro grande a todas las personas que iban subiendo.

Todo era sumamente extraño ya que nadie hacía comentarios, ni se reían, ni miraban para nadie. Sólo levantaban una mano cuando escuchaban que el hombre mencionaba su nombre y entraban al tren sin decir nada... Todos parecían sonámbulos, los que bajaban y los que esperaban para subir.

Ya nos quedaban cuatro personas delante de nosotras, cuando mí madre me dijo:

    -¡Quédate aquí, hija! ¡yo tengo que ir al baño! ¡ahora, regreso!

Yo no dije nada y mí madre se fue. Entre tanto ya habían subido todas las personas, que estaban delante de mí. Así qué ya nos tocaba el turno de nosotras.

Fue entonces que escuche al hombre mencionar el nombre de mi madre.

Yo miré hacía todos lados buscándola, pero no la vi. Entonces pensé que era mejor que me hiciera pasar por ella, para no perder el viaje y levanté mí mano, pero el hombre me miró y, sin hacerme caso, volvió a repetir el nombre de mí madre. En eso vi que ella apareció y levantando su mano, dijo:

    -¡soy, yo!

El hombre me volvió a mirar, cómo sí me dijera: "¿Por qué, me mentiste?"

Yo bajé la mirada, sintiendo un poco de vergüenza. Así fue que madre, sin decirme nada, subió al tren... Yo me quedé allí parada, mirándola como ella subía a ese tren, sin que tampoco dijera palabra alguna. Cuando mí madre terminó de subir, me desperté.

Entonces supe qué ése viaje era solo para mí madre.

Así pasaron unos meses y mi madre enfermó. Fueron dos años terribles de su enfermedad... Pasado ese tiempo, ella falleció.

Yo pienso que este fue un aviso de su partida. Y qué la espera en la línea, fueron esos dos años de enfermedad.

Para mí fue muy triste y doloroso, este extraño sueño, pero más triste fue el perder a mí adorada madre.

Ojala que nadie tenga que pasar por esto, menos cuando el viaje, es para una madre.

Autora: Eva Soto


                          



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