Ya casi era de noche, cuando me dí cuenta de que iba yo caminando por esa calle... Seguramente buscaba un refugio donde resguardarme de la intensa lluvia... Estaba toda mojada, sentía mucho frío y temblaba...

A los pocos minutos pude, por fin, divisar una casa, la cual parecía que tenía la puerta abierta y sin pensarlo corrí entrando en ella.

Me sorprendió lo que veía allí dentro... Era una casa muy vieja de tablas, y no tenía muebles... parecía inhabitable. ¡Qué horror! me dije... ¿aquí como voy a secar mis ropas si no hay nada, ni nadie habitándola? ¡Dios mío... enfermaré de pulmonía! Comente, en voz baja...

De pronto sentí que una puerta se abrió y alguien entró muy despacio... Era un hombre, el cual, en la oscuridad, parecía de edad muy avanzada y me dijo: No, no estás sola... Yo, estoy aquí y nada te pasará... Ven conmigo, tengo algo para ti.

Yo le seguí, no sé porque confié en él, Al otro lado de la puerta, ví una luz muy brillante, era una chimenea de leña, la cual ardía constantemente... Me pregunté para mis adentros... ¿pero quién vivirá aquí, esa chimenea es todo lo que tiene? Me acerqué rápidamente cerca del fuego y sentí algo muy especial en todo mi cuerpo...

El fuego era tibio y secó todas mis ropas en un segundo... Extrañada le pregunte al hombre viejo y sucio... ¿Señor, usted vive aquí? No, contestó él sin titubear... Yo vivo en todas partes, pero no te preocupes, seguro que tendrás hambre... ¿verdad? Bueno, sí claro, hace horas que caminaba y no encontraba donde refugiarme, hasta que encontré esta casa... pensé que estaba, completamente desabitada, pero dígame, ¿cómo se llama usted?

El hombre me contestó: el nombre no importa, lo que importa es que tú estés bien... sí, pero desearía saber su nombre... mira, pasa por esta otra puerta, aquí vas a encontrar lo que desees comer...

Sin decirme más, me tomó de la mano y me llevó hasta la otra puerta Luego me dijo, deteniéndose ante ella: te dejaré sola, así que come todo lo que quieras y duerme un poco... Sé que te hará bien...

Entré por la puerta, que vi frente a mí y quedé sorprendida, había un salón muy grande, tenía una mesa con ocho sillas, sobre ella había todo tipo de manjares deliciosos. Estaba todo a media luz pero se podía distinguir todo lo que allí se encontraba... Una inmensa cama muy bien arreglada, una tina con agua tibia, jabones, toallas, perfumes y todo lo que cualquiera necesitaba, para un baño de reina...

¿Pero qué es esto? dije, sorprendida... Me acerqué a la mesa, tomé una fruta y sin decir palabra comencé a comerla con desesperación... Después otra y otra más, hasta que me sentí satisfecha... Me acerqué a la tina y miré al hombre... Él me entendió y salió del salón, cerrando la puerta... Me desnudé y me metí en la tina de agua, y comencé a enjabonar mi pelo y mi cuerpo mientras sentía un olor casi celestial... ¡Oh Dios... qué maravilla, poder encontrar tantas cosas que necesitaba!

Creo que ya había pasado como una hora, en aquel delicioso baño... Al fin salí del agua y me sequé, pero al tratar de alcanzar mi ropa, toqué alguna ropa bellísima que estaba encima de una de las sillas de la mesa... Era un vestido hermoso, pero sencillo, lo tomé y me vestí rápidamente, pensando que el viejito, me sorprendería desnuda... Pero todo fue maravilloso, hasta llegué a pensar que era un palacio de alguna princesa...

Busqué con la vista para ver si veía al hombre, pero no, no había nadie y me acosté así vestida, en aquella amplia cama de ropas limpias, me sentí maravillada, que cama tan suave... dije quedándome dormida casi al momento...

A la mañana siguiente, desperté asustada... ¿Qué habrá pasado, será que lo soñé? Ya no se veía ninguna casa, ni nada de lo que yo había visto y vivido, la noche anterior... Miré mis ropas y eran las misma que yo traía el día anterior... ¡Dios mío! era, cómo si todo fuera un sueño... aquí no hay nada... Miré donde yo estaba acostada y era un montón de hojas que caían del inmenso árbol que me cubría del radiante sol, pero si yo lo ví todo diferente ¿cómo es que ahora todo desapareció?

Lo miré todo y después, al no ver al hombre comencé a caminar lentamente pensando en lo que había realmente ocurrido la noche anterior...

De repente, una mano me detuvo del hombro y me dijo: ¿Dormiste bien, hija mía? Sí, allí estaba aquel hombre, el cual parecía viejo y sucio, mirándome con dulzura, como si me conociera de toda mi vida...

Sí, ya sé que estás asombrada, pero ven, te enseñaré el camino hasta tu verdadera casa donde te esperan tus padres y demás familiares... Ellos estaban preocupados por ti, así que anoche les visité y les dije que estabas bien cuidada...

¿Qué...? pero... ¿cómo es que usted fue a mi casa y cómo supo donde yo vivía? ¿Quién es usted? por favor, dígamelo... Anoche te dije, que el nombre no era lo que importaba, pero si lo deseas te lo dejaré saber, ven y mira allá sobre aquella montaña.

Cuando miré donde el hombre viejo me había señalado, el hombre desapareció y ví que estaba allá a lo lejos, con los brazos extendidos, diciéndome: Soy el Padre de todos en este mundo de la Tierra, te ví llegar a la casa y supe que necesitabas de mí... por eso te dí de comer y puse a tu disposición todo lo que necesitabas... Ahora, camina y vé con tu familia... Yo seguiré, en busca de quien me necesite.

De pronto todo desapareció y vi frente a mí, mi casa y mi familia, los cuales me abrazaron, me besaron y entramos todos en casa, la cual yo veía más hermosa que nunca...

Sí, era Dios el que me ayudó y puesto en el camino en que yo me había perdido el día anterior. Gracias Señor, dije en voz muy baja... ¿Cómo no agradecer, Dios mío? Gracias por tu bondad y misericordia.

Autora: Eva Soto


                         




Imagen enviada por "Evalyna"
© Brisa Diseños - Copyright, Enero 2013