Me enrumbé en carruaje celeste en tiempo que partía. Mi mundo se fragmentó en polvo con la sepultura. Cuando se vive en el límite del infinito y del averno, cualquiera se hace nube en la propia amargura. Como se paga el precio de un amor insensato; tan inmenso y lejano, doliente y enfermizo. El corazón sensible se rompe con la muerte, como se quiebra al suelo, los tractores y el surco. Lo amé, como aman los lirios al riachuelo del pueblo. Como aman los bisontes a la extensa pradera. El hombre-niño se convirtió en vestigios de poesía, y la poeta mujer declinó al mediodía. Yo no puedo olvidarlo. Me acompaña el recuerdo de su mirada y la eterna promesa de tus besos. Del amor jurado, quedan en mis dos retinas, las risas de gato salvaje que acompañan mis sueños. by Angie Ramírez








Adaptación: © Brisa Diseños - Febrero 2010