Soledad, muy tranquila te veo venir... Pero desde ahora, te digo: Si deseas detenerte un poco más, no lo pienses, ni lo hagas. Me encantaría, verte a mi lado. Sé que eres buena compañera para muchas personas, ¡pero yo... no te necesito conmigo! Soy feliz sin ti y cuando tu quieras refugiarte en mí, te daré la oportunidad de que te acojas a mi lado... Pero no creo que puedas penetrar el mí. Yo estoy capacitado para que no te refugies por mucho tiempo como tú lo deseas... Porque mis ideas no son tener a alguien como tú que me pueda dañar con el tiempo. ¡Aléjate, por favor...! no quiero, que vuelvas a intentarlo. Tú haces falta a veces para que podamos pensar y meditar en nosotros mismos, siendo mejor con las otras personas, para guiar nuestras ideas, de algo que no funciona. Te agradezco que me busques, pero no para quedarte por mucho tiempo No quiero que me arrulles más... Así que mejor aléjate para siempre de mí. Ya tomé mis decisiones y decidí defenderme. ¡No te necesito, vete lejos de mi lado, no vuelvas más! ¡No te voy a extrañar... porque mi tranquilidad será más con la ayuda de Nuestro Señor! Yo no quiero que tú seas mi compañera... Si te acercas otra vez, te combatiré... Te doy las gracias, mi bella Soledad, pero con esta te despido ¡Adiós para siempre... No me busques más!
Autor: Andrés L.P.


              




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