Ven, con los brazos abiertos te espero amiga mía para poder reír llorar y contigo contar. He vivido mil años de soledad y angustia he andado mil puertos buscando lo que perdí. A cada ser humano que de frente vi sembré siempre esperanza, estreché fiel su mano Cobijé de amor yo su alma, le entregué felicidad. Una palabra hiriéndome como un puño cerrado me pega en mi pecho como al Cristo en la cruz, listo para crucificar. Mi vida entera, la palabra sagrada siempre me acompañó Quizás las pruebas del destino me elevarán más alto para ver frente a frente al Gran Mesías, que añoro día a día pidiéndole de rodillas un poco de bondad. Amiga, no me sueltes de tu mano, jamás te olvidaré Anoche durmiendo con la luna, desperté de este sueño. No me digas nada, amiga de mi alma, me quedaré aquí abajo, que voy en alas de despedida y descansar en paz. Autora: AlboradaDMujer Derechos Reservados - 07/14/2009