Soberbia, altiva, reluciente y atractiva, luce su busto delante del mundo, muestra su firmeza ante la grandeza, inamovible observa la vida pasar, la luz del día la hace brillar. Cuenta en silencio que un día amó, a un trovador que a sus pies improvisó, una bella poesía dedicada a un amor, ella lloraba lágrimas de cristal, y el trovador no dejaba de recitar. La noche que por allí él no asomó, la estatua de cristal quebró su corazón, el crack se oyó en la noche, como el lamento de un gran amor, ahí, quedo una estatua fija, encadenada a sus pies. Ella mirando la vida sin poderse mover, él improvisando a pies de alguna estatua otra vez, la luz del día la hace brillar, su corazón quebrado está... ¿Cómo puede enamorarse, una estatua de un mortal? Dicen los que pasan por allí a verla, que sus pies están llenos de trocitos de cristal, son las lágrimas que por la noche llora, porque su trovador ya no está. Autor: Desconocido

                  




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