Qué desilusión que se siente el día del padre, al no poder sentir ha los hijos cerca... Ni escuchar esa voz que nos diga algo, para hacernos sentir feliz, aunque sea una vez al año...
Todos deseamos, que nos den calor y afecto... Alguien que al menos nos diga: Muchas felicidades, en este día del padre y nos de un fuerte abrazo...
Esa es una emoción, que llega muy profundo... Y se siente ese cariño, cuando se escucha decir: ¡Hola, Padre... Feliz Día! Al no sentir esa emoción, se sufre una decepción que daña lo más profundo de nuestro ser...
Es, cómo que se apretara el corazón... Porque está vacío y quiere sentir ese abrazo, que se desea y seria como un pedazo de pan que alimentara el estomago...
Si, es como gozar el agasajo de un hijo, al decirnos algo agradable... No importa que sea cada año, y alegrar ese espíritu viejo, que está lleno de abandono por sus seres queridos y le sea menos duro, los fracasos de la vida...
¡Sí, es cierto! Esto sucede muy a menudo por muchas razones, en todas partes del mundo. A veces porque los padres, no les inculcan las buenas costumbres a los hijos, para que puedan sentir ese hermoso cariño... Y pasa el tiempo sin que los hijos aprendan, porque ven las cosas de diferente manera.
Esto no lo digo, para juzgar ha nadie. Pero póngase a pensar, cuando uno ya esté viejo y necesite de ese afecto, pero no lo tenemos... Entonces nos sentimos deprimidos y las ilusiones por esta vida es menos, por la falta de calor de los hijos y familiares.¡Ay, Querido viejo!
Que Dios, te bendiga siempre hijo mío...
Autor: A. L. P.






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