Ya no hay nada que decir, creo que todo se ha dicho, continuar es un capricho, que más nos hace sufrir, me propuse a no venir, para que vivas en paz, pero como tu verás, me fue imposible cumplir. No volví para agredir, nomás para preguntarte: ¿Qué faltó para colmarte, y despertar tu sentir?, ¿Con qué llave debí abrir, tu gélido corazón?, sólo dame una razón, ¿No me lo puedes decir? Yo no te voy a exigir, quererme como te quiero, sino que me desespero, perdóname en insistir, no te hace falta mentir, para aplacar mi ansiedad, sólo dime tu verdad, y lo tendré que admitir. No me voy a despedir, sin escuchar tu sentencia, porque leo en tu presencia, sin poderme confundir, lo que me dice el latir, de tu corazón esquivo, a los dos sobra motivo, para nuestro amor seguir. Es por eso que al partir, dejo aquí clara constancia, que tu orgullo y tu arrogancia, truncó nuestro porvenir, no sé, si podré vivir, con esta horrible condena, o me moriré de pena, al no poder resistir. Nada me podrá impedir, amarte de ésta manera, sólo el día que me muera, éste amor ha de morir, en mi tumba han de escribir: “Aquí descansa sereno, los restos de un hombre bueno, que se murió sin vivir”. Autor: Eliseo León Pretell Lima, 22 de Septiembre del 2005 Derechos reservados

                        




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