Treinta años, han trascurrido quién... lo podría creer, hoy tarde, la volví ha ver, no saben lo que he vivido. Les juro que no he podido, controlar mi endeble pecho lloré hasta caer deshecho, como un cervatillo herido.
Puedo jurar que he sentido hasta el olor de su pelo, volvió en mi horrible desvelo, su recuerdo contenido. Lo que estuvo en el olvido, copó otra vez mi memoria regresó la vieja historia, y un sentir desconocido.
Débil, inerme, aturdido con su imagen tan presente, quise sacudir mi mente, y salir de ese vahído. Volvió su olor, su vestido, rememoré su mirada su figura desgastada, al lado de su marido.
Toqué como arrepentido las mejillas de mi esposa, ella volvió presurosa, susurrándome al oído. ¿Porqué no duermes querido? me dijo casi dormida, lacerando más la herida, de mi corazón partido.
Cerquita mi hijo querido duerme inocente y sereno, mientras que su “padre bueno” se estremece en un gemido. Comprendí que lo he perdido, y aunque me muera de pena esa mujer ya es ajena, y nada tiene sentido. Si en los treinta años vividos, sigue tan dentro de mí entonces ¿Cómo viví, junto a mis seres queridos?. No más llantos ni quejidos, ¡¡Se acabó!! la más querida sigue... su trace la vida, que mueran... los tiempos idos.
Autor: Eliseo León Pretell Poeta peruano
Derechos reservados E-mail: ellepre@yahoo.es




                             



imagen central: © Alan Ayers
© Brisa Diseños - Copyright, Marzo 2003
adaptado para "New Evalyna" - 2012