Parece que el hijo bueno desde el albor de su infancia como una sutil fragancia se va quedando en su seno. Desde entonces no es ajeno a la madre y su vivir adentrado en su sentir habita en cada latido como la pluma es al nido Calor, alma y porvenir ¤¤¤¤¤¤¤¤¤ La vida en su discurrir casi siempre nos separa ahí es donde más se aclara lo que nunca he de morir. No se puede dividir al binomio madre hijo es que Cristo lo bendijo desde el alto de su cruz. Allí lo encargó Jesús en un suspiro prolijo. ¤¤¤¤¤¤¤¤¤ Podemos lejos estar al otro lado del mundo la madre en lo más profundo siente a su hijo al lado suyo. Su recuerdo es un murmullo mirando al cielo callada triste ansía una llamada del hijo que la consuele preguntando ¿Qué te duele? Mi madrecita adorada. ¤¤¤¤¤¤¤¤¤ El hijo bueno no deja su beso para mañana aunque la tenga lejana no se olvida de la vieja. Ella sabia lo aconseja con amor en su detalle en la casa y en la calle cuida a su hijo consentido fruto del hombre querido su rostro igual y su talle. Autor: Eliseo León Pretell *Poeta internacional peruano “Ciudad Satelital” Houston Texas, EE. UU. ¤¤¤¤ Derechos reservados Tus alas son del tamaño de tu corazón Canción Estrellada - Chaman navajo


               




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