Es posible que esta sea la sensación más desierta la más desolada y yerta del humano en su existir. ::::::::::::::::: Cristo lo pudo sentir como en una herida abierta Cuando rezaba en la huerta horas antes de morir. ::::::::::::::::: Einstein se atrevió a decir en la cresta de su fama: mi alma suspira y reclama en mi obscura soledad. ::::::::::::::::: Vive entre la humanidad donde su hielo derrama, con el que odia y más reclama, hasta el que ama de verdad. ::::::::::::::::: Yo creo que la orfandad es su hábitat preferido, junto al huérfano sufrido sin amor y sin consuelo. ::::::::::::::::: Donde el pan es un anhelo lo demás, tiempo perdido, soledad… frígido nido, lágrimas sin un pañuelo. ::::::::::::::::: ¡Ay soledad! previo duelo, de la esperanza truncada recuerdos de aquella amada que optó por otro camino. ::::::::::::::::: Soledad tiempo y destino de mi vida enamorada, mi poesía rimada… y mi oración al Divino. :::::

Autor: Eliseo León Pretell Poeta peruano “Ciudad Satelital” Houston Texas, EE. UU. Derechos reservados E-mail: ellepre@yahoo.es

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Un hombre no envejece cuando
se le arruga la piel, sino cuando
se le arruga el alma, los sueños
y la esperanza.

SHO SHAN         




                




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