Un ramo de Margaritas marchitas, esparciendo mi alma sobre la mesa... Una pluma y unas hojas, donde escribo mis alegrías, mi fe y mis tristezas. Una copa de agua, para saciar mi sed. Pero no ven mi cuerpo cansado, que se aleja cada día de todo esto, que me gusta hacer... Solo está mi alma que permanece, junto a esta mesa sentada. Mis ojos se entristecen sabiendo, que ya casi nadie leerá lo que tanto dolor, alegrías y tanta fe, que emana mi alma... siempre dando a todos lo maravilloso y dulce, que Dios puso dentro de mi ser. Quizás con el tiempo algunos me recuerden y entiendan que en esta tierra, nunca volverán a conocer, la que escribió estas paginas, que me entregó el Señor al nacer. Ese Señor divino, que tanto nos da a todos... Nadie entiende, que es para ayudar a vivir como debe ser, con amor, misericordia y compasión de aquellos que ruegan por la voz que necesitan y que son merecedores también. Autora: Evalyna



                           



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