Mi nombre es: Alicia. Nací en 1963, en la clínica Antonieta, de Cuba. Mi madre se llamaba Mercedes. Mi padre, Ernesto.

Mi signo es Acuario, y raro pero también ascendente Acuario. Así que le hago honor a mi signo. Me sobra cabeza, para mi cerebro... No me alcanza el tórax, para mi corazón. Así que soy buena gente, pero microcéfala.

Mi mayor defecto, la terquedad... mi mayor virtud, hummm... no sé si tengo una mayor... tengo varias, pero no sé sus dimensiones...

Me encanta el helado, el mar y la naturaleza... Lo mejor que me ha pasado en la vida es ser madre... Es una sensación inigualable, pero no tuve una bebe... lo que parí fue mi corazón, con paticas, manitos y ojitos.

Lo que más me maravilla, es el color azul y gracias a Dios, está en todo, o en casi todo... me baño con ese color, duermo con él, vivo en él... en fin... mi mundo, es azul.

Recuerdo cositas de mi niñez, las enseñanzas de mi madre, y también, tolerancia de mi padre... Recuerdo a mi niño, era mi sobrino, cuando lo cargué por primera vez... puedo recordar la textura de su piel en mis manos y la temperatura de su cabeza, cuando se la besé... Era tibiecita, más calentita que el resto de su cuerpo... es uno de los seres, que más he amado en mi vida.

Recuerdo el respeto de mi madre, por mi libertad... El olor a jazmín, que había a la salida de mi casa de noche...

Recuerdo mis crayolas, mi goma de borrar, el duro intento de mi padre por enseñarme el reloj...

En la primaria había un niño que siempre hablaba conmigo... todos jugaban, pero nosotros hablábamos... no recuerdo de qué... pero recuerdo la sensación de su compañía, en la secundaria... Era ¡mi primer amor! Eduardo Aulet López... creo que tenía como 13 o 14 años, yo ni sabía su edad.

Un día llegó tarde al aula y cuando lo vi entrar mi corazón empezó a latir muy fuerte... Sí, ese fue mi primer sentimiento de amor consciente... pero me lo comí solita, nadie lo supo... aunque él me pidió ser su novia, no acepte.

Me encanta el cine, iba solita desde que tenia 12 años y en camino a casa salía sonriente... me creía la protagonista...

Mi madre me enseñaba cosas de la vida y yo, la escuchaba... pero que va, de ahí venía mi terquedad... solo la miraba mientras hablaba, pero no la escuchaba... Miraba el color de sus ojos, el movimiento de su boca, el brillo de su pelo, solía recorrer las ondas de su pelo con la mirada, sus diferentes expresiones...

A veces recuerdo, cerraba los ojos y ella me decía: "¿Ya estás cansada?" y yo, lo que hacia era aspirarla, exhalaba despacio, para que no se me escapara su aroma... La espiaba siempre, todo lo que hacía... cuando cocinaba, lo que expresaba con sus amigas, o con mi padre... Tenía una manera de ser muy peculiar, eso hizo que mi alma creciera más que mi diminuto cuerpo.

Recuerdo que tenía ansias de saber el comportamiento de la gente, o de la naturaleza. Un día me quedé mirando, por horas, el botón de una rosa... quería que se abriera a mis ojos... y no pasó nada.

Mi padre murió cuando yo tenía 6 años, se quedó dormido ante mis ojos... no tenía consciencia de si sufría, solo quería que estuviera...

Siempre me preocupé por su ausencia... Sí, creo que más que dolor, sentí preocupación... a medida que iba creciendo, lo iba necesitando más y más ... Mi madre trató de ser suficiente y lo consiguió hasta que me hice adolescente.

Ahí comprendí que era muy necesario en nuestras vidas... pero me aguanté, llegué a la prepa, a los 16 años... Me gustaba escuchar música, ver el ballet clásico, casi nadie de mi edad compartía mis gustos... y yo me adaptaba al de ellos, así que me iba de fiesta a la playa, tenía amigos amigas, pero me tomaba mi espacio para leer, ir sola a la playa, ahí era donde me sabía, mi compañía era lo más de lo más.

Conocí al padre de mi hija un hombre de 26 años, yo 16, me enamoré, él me amó, se deslumbró con mi inocencia... cubrió algunos espacios en mi vida y trató de ser imprescindible, atento a todas mis necesidades de todo tipo...

Me fuí a estudiar ingeniería agrónoma, eso fue lo que me ofrecieron en mi país, pero no era mi profesión... así que no lo terminé, me fascinaba la medicina... Entonces entré en la facultad, a estudiar hematológica...

El camino no fue fácil... primero entré a trabajar en un hospital en admisión, archivo y estadística... Ahí aprendí mucho, estaba cerca de emergencias y me la pasaba ahí. Al principio me regañaban, luego me avisaban cuando había un buen caso. Terminé quedándome en emergencias, estudiaba por mí misma... Los médicos, me prestaban libros, hacían apuestas sobre mis conocimientos, hasta que me dieron la carrera hematológica...

Era un constante reto, pero disfruté cada minuto cuando atendí, solita, a mi primer paciente.

Me di cuenta que no solo podía ayúdarlos físicamente, mi interés frente al dolor iba más allá de lo físico... Entonces me tomaba mi tiempo, mi sensibilidad creció indescriptiblemente y cada día, fuí mejor...

Los llevaba a paseos imaginarios y ellos, me enseñaban de fuerza, de esperanza de fe... Me gustaba mi profesión, todo lo que hacía era con pasión.

Llegaba a casa, los fines de semana y cada vez era más liviana, entendía más y era más tolerante, eran más las ganas de vivir, disfrutar del sol, el agua, la comida de mi familia y amigos... de lo que podía abarcar con mis ojos, que de lo que escuchaba... El sonido del viento, el mar, las hojas secas, a los pajaritos...

Entonces empecé a pensar, que mis movimientos en mi país, estaban limitados por la política... ¿Por qué no puedo caminar, por donde quiero...? era mi tierra, era mi agua... ¿Por qué me prohibían entrar a una playa si podía llegar hasta ahí?

Supe que tendría que irme de mi tierra, necesitaba libertades que ahí no tenía y emigré a USA dejando atrás a mi madre, a mi tierra. Jamás he olvidado el olor de mi tierra cuando llovía...

Vine a los 25 años, ya adulta... pero mis calles me quedaban grandes... Nada es más refrescante, que el rocío de mi tierra al amanecer.

Sufrí, una gran parte de mí quedó en mi Cuba, con mi madre.

Vine con el padre de mi hija, las dos hijas mayores del primer matrimonio y mi niño amado... mi sobrino, mi hijo, porque ya tenía 8 años y me lo dieron con dos meses de nacido... Tengo tantas huellas de él en mi alma, sus ojitos, sus manos, palabras, fiebres, los primeros pasos... Mi niño, amado...

El mundo, se abrió ante mí... oportunidades de ir, venir, caminaba delante, el resto, la familia... detrás, me volteaba de vez en cuando, para asegurarme que estaban todos, pero seguía en la delantera, necesitaba que la brisa chocara conmigo...

No sabía por donde empezar, me limité a mantenerlos juntos y a engordar mis ansias de libertad... Entonces, me dejaba querer por todos... los amaba, pero necesitaba espacio... Nadie compartía la intimidad con mi espíritu y se hizo el milagro en mí... Se encendió una luz en mi interior, se lleno de escarchitas brillantes mi vientre, la magia de la maternidad...

Ahí hice un paro a todito... Toda mi atención se centro en la maravilla que llevaba dentro, cada día, cada segundo mi alma se dedicó a tapar toditos mis poros de ternura, me miraba por dentro, le salieron manitas a mi corazón y acunaron a mi bebe y fuí el ser más feliz del universo.

No podía llorar hacia fuera, lloraba de felicidad hacia dentro, solo para refrescar el cuerpito que crecía en mis entrañas y sentía como sus manitas se estiraban y acariciaban mi corazón... Soy la persona que más cerca ha estado de él...

Nació mi tesoro, mi muñeca de carne y hueso y me dediqué a proteger a mi familia y a tejer todo el tiempo una alfombra de algodón azul, para que caminara mi princesa...

La nostalgia por mi madre, mi tierra, ahí estaban, pero serenas...

Recuerdo que la emoción era tan intensa, cuando miraba a mi hija, que lloraba.

Llegó el año 1996 muy triste para mí, regreso a mi Cuba, a mi madre, con mi hija y muere ella, estando nosotras allí... Tuvo tiempo de tocar a mi hija y en ese momento supe que le regaló una armadura que la cubrió con el poder de su amor... pude ver como su aura y la de mi niña, intercambiaban brillo y supe que la bendición de mi madre llegó a mi hija, estaba triste también, un poco conforme, porque era la culminación de años de dolor... aun así, me quedaron muchos años vacíos de su presencia en mi existir...

Regresé, cuestioné a Dios... fue en Marzo, llegó Junio y ahí dejé de respirar... murió mi niño, mi bastón en la vida, mi fuerza, gracias a Dios tenía a mi hija y toda mi razón de vivir fluía de ella.

Mi vida familiar se volvió un desastre, dejé de sentir la brisa, no había consuelo mi vida, estaba atada al pie de mi niña...

Un día a solas, hablé con Dios y entonces empecé a sentirme afortunada, porque me dije: "Tuve la dicha de, sin ser su madre, tenerlo a mi lado en su corto existir, lo cuidé, lo besé, lo enseñé a caminar, a leer y eso fue un regalo de la vida para mí y eso, me fortaleció emocionalmente... Poco a poco, fue volviendo la vida a mí, apoyándome mucho en la responsabilidad y el amor que sentía por mi hija.

Dejé de amar a su padre, por su incomprensión y por mis pocas ganas de vivir una vida plena... El destino lo llevó lejos de mi vida y me sentí aliviada de que no estuviera cerca... De ahí en adelante solo existía mi niña, sus actividades y hacerla feliz... pero supe que para eso tenía que sonreír yo también, porque mi tristeza se la transmitiría y no era justo.

Pasó en tiempo con tranquilidad y paz, hasta que cumplió 12 años y regresó su padre... Ella se sentía muy feliz y no quise apagar esa luz, lo acepté en mi vida otra vez, pero fue letal dañaba mi alma... El tormento duró unos largos 8 meses, hasta que se retiró para siempre...

Volvió la paz a mi corazón y llegaron sus 14 años, entonces volví donde nació mi hija y donde estaba mi familia.

Autora: Alicia V.S.



                     



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