A ti, que habitas en mi cuerpo... Te amo, profundamente. No haces caso de mi cansancio, ni de mi debilidad, me obligas a vivir. Me encanta, que seas voluntariosa... No permites, que me acueste todavía... Quieres que ame siempre, una y otra vez. Aun en plena fatiga, me haces sonreír de satisfacción... Porque sabes, que es lo que quiero... sabes, de mis caprichos y deseos. Acomodas mi materia, a mis necesidades... Porque sabes que solo así, puedo conseguir un sueño reparador. Me regalas los mejores, sueños... dulces, como la miel... Me llenas, de corajes y fuerza... me haces superar el dolor. ¿Y... qué me dices de ese amor al prójimo, que me hace sentir la profunda felicidad, aun por las cosas pequeñas? Gracias a Dios llegué de primera, a la linea de las almas... Me llevé, la mejor... Aly.
Autora: Alicia Valdés


               




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