¡Madrecita... Si tú supieras, cuantas veces he sentido el dolor de tu partida! ¡No, no quiero ni pensarlo... porque yo te quiero viva! Sin embargo, sufro desesperadamente éste inmenso dolor... pensando que en algún momento, puede llegar ese día. Entonces, madre mía... No podré soportar más, éste dolor en mi corazón... y me prenderé abrazada a tu cuerpo, para no dejarte partir... Y me sentirás llorar, y mís lágrimas sobre tu pecho caerán, como gotas de sangre tibia... Entonces, madre mía... Tú despertarás, y me dirás: ¡No, no llores hija mía... porque tu sangre es la mía y nunca moriría! Autora: Evalyna





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