Allá en lo alto de la Sierra, el día comienza a despertar... Y en un humilde Bohío, una pluma de humo se alza anunciando su jornada. Un resplandor se percibe en las altas cumbres, que visten las nubes de ligeros destellos, en dorado y plata. Y en el azul claro del cielo, se ven aun las estrellas pálidas, haciendo más bellos los paisajes, de las rojas tierras aradas y sus verdes sembrados. Ya las aves se despiertan con sus cantos y alboroto, saludando el nuevo día bajo mi cielo azul púrpura, y los gallos cantan a plena voz por aquellos montes lejanos... Encaramados en sus perchas de árboles en la Sierra, los sinsontes y ruiseñores se juntan con sus gorgoreos y trinos, desde los altos penachos de las orgullosas palmas. A los pies de las laderas altas y soberanas, la niebla se levanta como manto de plata en mil diferentes formas, huyendo de la tierra húmeda. En las hojas de mi yerba guinea, lágrimas de rocío brillan como diamantes en ese profundo verdor, que acompaña la campiña Cubana... Y entre rocas y arbustos en mis laderas, nace fugas un riachuelo que da vida a todas las criaturas, que allí habitan dándole esa agua pura y fresca para calmar su sed... Mientras una fumarola se levanta de la superficie, y despliega su humedad a la campiña cercana...
Autor: Jaime Pujol



                    




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