Ya mi guajira tiernamente me despierta, con una sonrisa en sus labios juguetones, como sólo sabe hacerlo una guajira nacida en los altos de mi Sierra. Sujeta con sus dedos finos y pálidos, mi viejo jarro con elixir mañanero de café carretero, que con su aroma me despierta... Miro yo a mi guajira que está mirándome con sus ojos verdes y brillantes, como mi hermosa campiña. Sus juguetones labios rojos y dulces como el zapote, se inclina ligeramente dándome un beso en mis arrugadas mejillas... Mirándola me siento feliz y afortunado, de tener a mi guajira... Luego, llevo el jarro a mis labios saboreando ese café carretero y exclamo: ¡Dios, mío! ¡Gracias, por este paraíso! A pasos cortos entre sorbos de este café caliente, me voy a la puerta de mi Bohío y ahí me detengo entre sorbos, de este dulce y humeante café... y me quedo mirando hacia el oriente, con el corazón rebosante de felicidad. El sol, ese disco de oro relumbrante, ya hace en lo alto de mis montañas, dándole un panorama a mis pies descalzo... En ese calido piso de tierra, donde la neblina de la noche corre y se disipa como mil almas en apuro, para llegar a su cielo. Mi mirada, es distraída... Dos palomas cruzan ligeras como el viento, y me maravilla verlas... Son mis compañeras en la tardes, pues a sus pies me duermo entre las palmas. ¡Oh, bella y radiante mañana... No te vayas tan ligera! ¡Que recordarte quiero, como a mi guajira! ¡Ah! ¡Que afortunado soy... Al ver toda esta belleza, de mi campiña Cubana! Llevando mi abollado y viejo jarro a mis labios, saboreo las últimas gotas de ese sabroso café y aspirando los perfumes mañaneros, miro el sol brillante y ese cielo azul de mi Cuba. Y sonrío con felicidad, una vez más...
Autor: Jaime Pujol



                        





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