Fue en una noche fresca del mes de Abril, cuando Rosalva y yo, nos conocimos...

Eran casi las diez de la noche, cuando nos encontramos por primera vez... Caminábamos casualmente, por la pradera...

¡Ella, era muy hermosa! Yo podía distinguir su bello rostro, por la luz de la luna que nos iluminaba!

¡Qué noches, tan maravillosas aquellas! Lo recuerdo muy bien porque cosas así, nunca se pueden olvidar y yo, esto no lo olvido.

Eran casi las siete de la noche, cuando yo acostumbraba ir a pasearme por la pradera... ¡Cosa muy rara, por supuesto!, ya que a esa hora nadie quería andar, ni siquiera cerca de allí...

¡Bueno, claro...! Es que yo era un poco terco y había jurado ha unos amigos, que lo haría todos los días hasta encontrar a unos de esos espíritus, los cuales en el pueblo se decía que por allí andaban vagando.

Claro, es que en aquel entonces yo era un hombre muy joven y no mal parecido... Por lo cual esto me hacía ser pretencioso con las mujeres y también muy altanero con mis amigos; burlándome de todo lo que ellos me decían, haciéndome el más decidido y valiente de todos... ¡Cómo por ejemplo! El estar desafiando ha los muertos, ya que esto era muy respetado en ese lugar que yo vivia...

Así fue como ha esa hora me iba a encontrar con aquellos presuntos muertos, que por esa pradera se paseaban cada noche...

Yo había comenzado a rondar por aquel lugar, como si fuera un reto a la muerte, o con aquellos que yo quería como mis amigos...

Bueno, les digo que realmente ni yo mismo sabía ha quién retaba...

Por eso todos los días, me iba a la misma hora... Las siete de la noche, ya que estaba seguro de que todo eso sólo eran puros cuentos de la gente...

Ya llevaba tres noches caminando por la pradera hasta casi las doce de la noche, sin que nada ocurriera... Pero precisamente fue en esa tercera noche, que conocí a Rosalva... Encontrándonos en todos los siguientes días, a la misma hora... Diez de la noche! Ya que a esa hora yo había notado, que ella también se paseaba por aquella misteriosa pradera...

¡Sí, así fue cómo precisamente conocí aquella linda mujer! ¡Claro, que yo nunca me hubiera podido imaginar, que aquella bella mujer quería jugar conmigo!

Esa noche al cruzarnos, nos saludábamos muy sonrientes... Bueno, yo les puedo asegurar, que desde el primer día que la vi el corazón me comenzó a palpitar como si algo me hiciera asustar... Era cómo si algo extraño presintiera, muy dentro de mi corazón...

Así fue que al fin después de varias noches de estarla viendo y estarnos saludando, decidí dirigirle la palabra...

Recuerdo que esa noche, eran pasadas las siete lo cual me había extrañado mucho verla tan temprano, ya que siempre nos habíamos encontrado cruzándonos por la Pradera cerca de las diez de la noche.... Nunca había sido antes de esa hora, desde que nos estábamos viendo... Yo me acerque a ella, diciéndole así:

    -¡Buenas noches, señorita... Permítame presentarme! Mi nombre es, Basilio Tomas Enderezo.

Ella me miró con una sonrisa, muy encantadora... Les juro que me quedé maravillado al notar, que tenia los dientes sumamente blancos y parejos... Tanto así, que parecía un hermoso collar de perlas. Yo me había quedado tan fascinado con aquella linda sonrisa, que ella enseguida lo notó y me dijo:

    -¡Oh, disculpe! Mi nombre, es Rosalva y me gusta pasearme por aquí en las noches... ¡Este lugar es tan tranquilo y hace un fresco sumamente delicioso, para caminar! ¿No, cree?

    -¡Ah... Sí, claro! ¡Por eso, yo también vengo por aquí! ¡La luna está preciosa! Pero, dígame señorita: ¿No siente miedo, de haberme encontrado? ¡Usted, no me conoce... y yo, podría ser un hombre muy cruel!

    -¡Oh, no!
Contestó ella con una sonrisa más deslumbrante aún que la anterior; dejándome mucho más fascinado, haciendo que decidiera ir a detenerme muy cerca de ella...

    -Señorita, es usted la mujer más bella que he conocido! ¡Su sonrisa, es la más adorable que he visto! ¡Disculpe usted, pero soy muy impulsivo! No, no me tenga miedo. Nada le haría, por nada de éste mundo... ¡Es usted, maravillosa!

Yo hablaba como atontado, con mis sentidos casi trastornados ante aquella encantadora mujer... Luego, ella me dijo muy cadenciosa:

    -¡Bueno, oiga! Mejor caminemos y así disfrutaremos un poco de ésta noche maravillosa... Y cómo vamos a conocernos, nos hacemos amigos para seguirnos viendo a ésta misma hora en los siguientes días... ¡En realidad, usted me parece un buen hombre; y para decirle la verdad, no le tengo miedo! ¿Sabe, qué? ¡Me gusta mucho, su compañía!

Esto que me dijo, me dejó más maravillado de su persona... Y sentí en aquellos momentos, que la iba a querer mucho...

Así fue que comenzamos a vernos todas las noches y hablábamos de nosotros, de cómo éramos y que costumbres teníamos... Cosa, que me hacia sentir muy feliz...

En fin, yo creía que nada nos ocultábamos el uno del otro... Bueno, la verdad... Eso lo que creía de ella, pues por mi parte fui más sincero que nunca y hasta pensé que esa mujer, sería en un futuro... ¡Mi amada, esposa!

No puedo negar, que desde el primer día que la conocí la sentí muy adentro de mi corazón y a medida que la iba tratando y miraba aquella encantadora sonrisa, sentía que el corazón me palpitaba con más fuerza...

Después de una semana de conocernos y pasearnos juntos, ya no podía resistir el deseo de besar aquella boca, que casi me hacía perder completamente los sentidos...

    -¡Rosalva!, le dije, deteniéndola por el brazo... En ese momento ella reía deliciosamente, sacándome de quicio... ¡Esa boca, tan divina! Pensé: ¡La tengo que besar... o me muero de ansias!

Ella al ver mi intención, rió con más ganas aún, haciendo que yo la atrajera hacía mí queriendo poseer sus labios... ¡Pero de pronto, me quedé cómo paralizado...

Les juro, que sentí cómo si el corazón, me hubiese dejado de latir! Mis brazos habían quedado extendidos, como en un abrazo y mis ojos... Creo, que se me querían salir de las órbitas...

¡Sí, aquella mujer a la cual yo casi estaba seguro que iba a besar, había desaparecido justamente en ese mismo momento dentro de mis brazos...!

También sentí que las piernas se me doblaron, quizás era por el mismo miedo que mi cuerpo sentía...

¡No, yo no podía hablar... Quería gritar, para llamar a alguien... Según yo creía, si estaba gritando con todas mis fuerzas... Pero, nadie me oía!

¡Oh, Dios! ¿Pero, qué es esto? ¿Por qué tiene, que me sucederme a mi? ¿Precisamente a mi? ¡Quizás me hice la idea, de que Rosalva era una mujer! ¿Pero, cómo puede haber sucedido todo así? ¡No, no...! Gritaba yo, para mis adentros... ¡Yo, no puedo haber hecho éste papel de tonto!

¡Vamos, tranquilízate Basilio..., debes de ser fuerte! ¡Tú nunca, fuiste tan débil! Ahora... ¿Qué es, lo que te está pasando?

En ese momento todo vino a mi mente, mi familia, mis amigos; cómo yo desobedecí haciéndome el importante, llevando un reto a los muertos... Sí, ahora sí creía, que los espíritus existían!

Claro, yo me había enamorado de una mujer... "Muerta" Sin embargo, no pude darme cuenta hasta ese momento en que ella había desaparecido de entre mis brazos...

¡Oh, Dios! ¡Ayúdame, por favor! Pero, ¿Por qué no me puedo mover, ni puedo gritar? ¡Perdóname... Rosalva! ¡Yo, no te hice ningún daño! Al contrario, me enamoré de ti como un loco... Me tenías verdaderamente trastornado, con tu belleza.... ¡Perdóname, por favor! ¡Te juro, que jamás lo volveré a hacer! Cómo les juro a todos los que me puedan oír, qué nunca más dudaré de que los espíritus existen... ¡Yo les juro, que jamás pasaré por este lugar y les haré saber a todos los vivos lo que me ha sucedido...

¡No, no dejaré que nadie vuelva a molestarlos, ni con el pensamiento! ¡Por favor, Dios de mi corazón! ¡Haz que me perdone, ella y todos! ¡Yo, no lo volveré a hacer! ¡Te lo juro Señor... Te lo juro!

Así fue que sentí caer mi cuerpo al suelo, apagándose todo en mi mente... Quedando, en un silencio total...

Cuando desperté, era de día y estaba en mi habitación... ¡Todo parecía, estar normal, cómo si nada hubiese sucedido!

De pronto de un salto me puse de pie llamando a gritos a mi madre, la cual llegó junto a mi muy asustada diciéndome:

    -¡Ay, hijo! ¿Qué te sucede? ¿De donde, has venido? ¡Me has tenido preocupada, toda la noche! ¡Hace sólo un momento que salí de tu habitación para avisarles a todos, que tú no habías llegado a dormir, cuando de repente, sentí tus gritos! Dime: ¿Qué te pasa, por qué me gritas así?

    -¡Madre, mía! Estuve con una mujer preciosa, en la pradera... ¡Ella, era una muerta... Una muerta, madre mía! ¿Comprendes? Yo me burlé de ellos y ahora, me arrepiento... ¡Oh Dios... Gracias por haberme dado ésta oportunidad, de volver a la vida! ¡Perdóname, Rosalva... Otra vez te lo pido, perdóname!


Mi madre me miraba extrañada, pero nada dijo; sólo acarició mi cabello con ternura...

No, yo nunca más volví a ser como antes había sido...

Desde aquel día mi vida cambio totalmente, haciendo que me sintiera el hombre más feliz del mundo... ¡Sí, desde ese día supe del amor y el respeto hacia Dios, y de todo lo que viene de El... Ya que todo eso, es sagrado en la vida!.

Bueno, les diré que ya han pasado muchos años de esto que me ocurrió y que ahora, queridos lectores... Yo soy uno más entre esos seres, espíritus, o muertos... ¡Cómo ustedes les quieran llamar... Si, ahora..., Si, lo entiendo todo! Por eso, estimados lectores... Son todos mis respetos, aún más grande para todos los muertos.... ¡Qué Dios, les bendiga..!

Este cuento aquí narrado en esta página, fue escrito y creado por mí, en el año: 1972.
Espero que respeten los Derechos de Autor. Gracias, que Dios les bendiga

Autora: Eva Soto