Eramos la única familia en el restaurante, con un niño... Yo senté a Daniel en una silla para niños y me di cuenta, que todos estaban tranquilos comiendo y charlando. De repente, Daniel pegó un grito con ansia y dijo:

-¡Hola, amigo!

golpiando la mesa con sus manitas. Sus ojos estaban abiertos por la admiración y su boca mostraba la falta de dientes en su encía. Con mucho regocijo él se reía y se retorcía.

Yo miré al rededor y vi la razón de su regocijo... Era un hombre andrajoso con un abrigo en su hombro; sucio, grasoso y roto. Sus pantalones eran anchos y con el cierre abierto hasta la mitad, y sus dedos se asomaban a través de lo que fueron unos zapatos.

Su camisa estaba sucia y su cabello no había recibido una peinilla por largo tiempo... Sus patillas eran cortas y muy poquitas y su nariz tenía tantas venitas que parecía un mapa...

Estábamos un poco lejos de él para saber si olía, pero seguro que olía mal, Sus manos comenzaron a menearse para saludar...

-¡Hola, bebito, cómo estás muchachón! le dijo el hombre a Daniel...

Mi esposa y yo, nos miramos... ¿Qué hacemos? Daniel continuó riéndose y contestó:

-¡Hola, hola amigo!

Todos en el restaurante nos miraron y luego miraron al pordiosero. El viejo sucio estaba incomodando a nuestro hijo como un bebe. Nadie creía que era simpático lo que el hombre estaba haciendo. Obviamente, él estaba borracho.

Mi esposa y yo, estábamos avergonzados. Comimos en silencio; menos Daniel que estaba super inquieto y mostrando todo su repertorio al pordiosero, quien le contestaba con sus niñadas.

Finalmente terminamos de comer y nos dirigimos hacia la puerta. Mi esposa fue a pagar la cuenta y le dije que nos encontraríamos en el estacionamiento.

El viejo se encontraba muy cerca de la puerta de salida. ¡Dios mio, ayudame a salir de aquí antes de que ese loco le hable a Daniel!

Dije orando, mientras caminaba cercano al hombre. Le di un poco la espalda tratando de salir sin respirar ni un poquito del aire que él pudiera estar respirando. Mientras yo hacia esto, Daniel se volvió rápidamente en dirección a donde estaba el viejo y puso sus brazos en posición de: ¡Cárgame!.

Antes de que yo se lo impidiera, Daniel se abalanzó desde mis brazos hacia los brazos del hombre. Rápidamente el oloroso viejo y el joven niño, consumaron su relación amorosa.

Daniel en el acto de total confianza, amor y sumisión, recargó su cabeza sobre el hombro del pordiosero.

El hombre cerró sus ojos y pude ver lágrimas corriendole por sus mejillas... Sus viejas y maltratadas manos llenas de cicatrices, dolor y duro trabajo, suave, muy suavemente, acariciaban la espalda de Daniel. Nunca dos seres se habían amado tan profundamente en tan poco tiempo. Yo me detuve aterrado.

El viejo hombre se meció con Daniel en sus brazos por un momento, luego abrió sus ojos y me miró directamente a los míos. Me dijo en voz fuerte y segura:

- ¡Usted cuide a este niño! De alguna manera le conteste: -¡Así lo haré! con un inmenso nudo en mi garganta.

El separó a Daniel de su pecho, lentamente, como si temiera recibí a mi niño y el viejo hombre me dijo:

-¡Dios le bendiga, señor. Usted me ha dado un hermoso regalo!

No pude decir más que un entrecortado gracias. Con Daniel en mis brazos, caminé rápidamente hacia el carro. Mi esposa se preguntaba por qué estaba llorando y sosteniendo a Daniel tan apretadamente y porqué yo estaba diciendo:

-¡Dios mío, Dios mío... Perdóname!

Yo acababa de presenciar el amor de Cristo a través de la inocencia de un pequeño niño, que no vio pecado, que no hizo ningún juicio; un niño que vio un alma y unos padres que vieron un montón de ropa sucia.

Yo fui un cristiano ciego, cargando un niño que no lo era. Yo sentí que Dios me estuvo preguntando: ¿Estás dispuesto a compartir a tu hijo por un momento? cuando Él compartió a su hijo por toda la eternidad.

El viejo andrajoso, inconscientemente, me recordó:
"Les aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él."

"Señor Jesucristo te amo y te necesito, ven a mi corazón por favor."


Nunca huyas ni trates de despreciar a uno que tenga menos que tú... Menos porque sea un mendigo... "Pudiera ser tu hermano Jesús". ¡No, lo ignores! y Dios, te Bendecirá!

Autor: desconocido