Un niño el cual parecía tener la edad, de diez años, iba al parque que le quedaba cerca de su casa... Durante tres años, llegaba y se sentaba en el mismo lugar de aquella banca, donde podía ver a otros niños con sus nanas, o sus padres, que los cuidaban mientras jugaban.

El niño siempre se reía divertido con los juegos de los otros niños, pero el nunca se les acercaba, para jugar con ellos.... Ya cayendo la noche el niño se iba a su casa, con la mirada muy triste, pero sonriendo. Esto era siempre, sin faltar ni un solo día.

Una tarde el niño vió que un Señor, se le acercó y sin decir nada se sentó a su lado en la banca... No era muy viejo, pero parecía ser muy pobre, por la ropa sucia y rota, que tenia puesta... El niño extrañado le miro y el Señor también, pero los dos quedaron en silencio todo el tiempo, solo se miraban de vez en cuando, sin pronunciar palabra alguna.

Una tarde antes de irse a su casa, el niño le pregunto al Señor: ¿Es usted, de por aquí? ¿Quisiera saber porqué viene y se sienta mirándome, sin decirme nada? Llevo tres años, viniendo a este lugar y nunca le había visto... El Señor le sonrío, después, se levanto de la banca y salio caminando.

El niño no sabia que decir, ni que hacer... Pero optó también, por irse a su casa. Se pasó toda la noche pensando en el Señor, pero no encontraba la razón, de estos encuentros... El niño vivía solo en su casa, donde nació y vivió muy feliz con sus padres, hasta que ellos fallecieran en un accidente, quedando huérfano y sin nadie que le ayudara en sus necesidades mas necesarias.

El niño estaba muy delgadito y en su piel morena, se le notaba la palidez, de mal nutrición... Ya que pocas veces, podía comer una comida nutritiva, los demás días, sin tener nada, solo comía pan duro, con un poco de agua con azúcar, ya que era lo único que podía comprar por ser lo mas barato que encontraba para no gastar el dinero, que sus padres habían guardado en una cajita, que tenían escondida debajo de la cama,

Con el tiempo, ya el sabía que no le quedaba mucho dinero, y se preocupaba porque el no deseaba pedirle a nadie, ni tener que salir a robar para no tener problemas... Ya el nunca mas volvió, asistir a la escuela, pero sabia que sus padres guardaban muchos libros de los cuales en las noches,el se sentaba a leer y escribir lo que en ellos estaba escrito... El niño había aprendido muchas cosas, leyendo y escribiendo, lo que decían aquellos libros, en los cuales, el se concentraba en lo que leía con gran interés... Así fue que aprendió a leer y escribir, correctamente.

El niño también mantenía su casa limpia y lavaba la poca ropa que le quedaba... El notaba que ya los pantalones le quedaban cortos, al igual que las camisas, pero algunas veces se ponía las camisetas, que habían sido de su padre, aunque estas le quedaban sumamente grande... También se hacia sandalias, de algunas llantas de carros, que encontraba tirados en un terreno grande, que había cerca de su casa.

No tenia amigos, ni nunca los vecinos cercanos le habian dado, siquiera una vez de comer, ni se interesaban por preguntarle nada... Así el había pasado completamente solo, esos tres años, sin que nadie se ocupara de que el todavía era un niño... Por eso le extrañaba mucho la actitud de aquel Señor, que había llegado hasta su banca, solamente para quedarcele mirando, como si deseara conocerlo.

Un día, ya no podía soportar esa compañía, sin saber quién era aquel Señor, tan diferente a todos los que el había visto, en sus cortos años de vida... El niño se decidió y le pregunto: ¿Señor, quién es usted? ¿Porqué solo viene y se sienta a mirarme, sin decirme palabra alguna?

El Señor le sonrío y mirando hacia arriba, dijo: ¿Vez aquella luz, que se ve en el cielo? Desde allí es que vengo observándote, todos los días de estos tres años de tu soledad, y que estás viniendo a este lugar a sentarte.... También he observado, que tu tampoco hablas y deseaba con todo mi corazón, que lo hicieras... Al fin te atreviste, eres muy valiente, pero muy tímido.

¡Es que no le conozco, yo nunca antes lo había visto! Bueno, dijo el Señor: Mi nombre, es... Jesús y quiero ayudarte... ¡Jesús...! Exclamó el niño, con asombro... ¿Usted, es Dios? Mis padres siempre me decían, que rezara mucho y hablara con el Señor Dios... ¿Cómo puede usted, estar aquí junto a mi?

No te preocupes hijo, yo busco los necesitados y sé que tú eres alguien muy especial, por eso he venido hasta aquí para ayudarte. ¡Dios, no puede ser! Dijo el niño, con lágrimas en sus ojos tristes y demacrados... Y lloró mucho con sentimiento y dolor, en su pequeño corazón...

El Señor, lo abrazo y le dijo: Ven conmigo hijo, te llevaré a tu casa... Hoy es una tarde hermosa y todo cambiará en el camino de tu vida... El niño se fue con el Señor, caminando abrazados los dos hasta la casa... Al llegar el niño notó que en su casa, había luces encendidas y que alguien les abría la puerta... Cuando entro, la casa estaba ocupada por otras personas... Se sorprendió al ver a una señora y tres niños menores, los cuales le estaban gritando y sonriendo alegres.

El Señor, le dijo: Esta señora con sus tres hijos, también están necesitados de un hogar y una familia. Te los traje para que de ahora en adelante, las tristezas y necesidades en que Vivian, se haya terminado... Espero que seas muy feliz y te puedas recuperar de todo lo que has perdido en estos tres años.... Nada te faltará, ni a ti ni a ellos... Con tu buen corazón, has ganado estos otros corazones, que te van a querer mucho...Tanto, como te quiero yo... El Señor, los abrazo a todos con mucho amor y les dijo: Desde este momento, están bendecidos y serán felices, en una familia verdaderamente unida.

Después, salió de la casa y desapareció... Así, fueron realmente felices y bendecidos, por el Señor... Cómo tú pudieras, serlo también... Si tienes bondad y amor, en tu corazón... Recuerda siempre, que me puedes llamar. ¡Soy... el Señor Jesús!

Autora: Evalyna





            




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