Qué palabra tan sencilla, qué fácil de pronunciar, que tal vez ni el paladar se entera cuando se emite, tantas veces se repite, de cuántas formas se invoca, que hasta sin abrir la boca se escapa de su escondite. Pedimos que el mundo grite: ¡paz! en todos los idiomas; hasta soltamos palomas de mansedumbre blancura, paz pide el Papa y el cura, sectas de todo color, ante la guerra y horror de este mundo de locura. Queremos paz por ventura, es el sentir de la gente, mientras en el Medio Oriente corre la sangre a raudales; el amor hecho cendales murió hasta en la Tierra Santa, Palestina se atraganta de odio frente a sus rivales. Los que eran lazos cordiales entre pueblos y naciones, por unas y otras razones se han convertido en rencor, esa paz y tanto amor del sermón de la montaña se ha transformado en cizaña, en tirria, duelo y dolor. El hombre, hijo del Señor, con todo su amor creado, con saña se ha revelado, sembrando odio por doquier, en lugar de embellecer lo mejor de nuestra tierra, busca la muerte y la guerra, sin poderse contener. Es nuestro caro deber de los que queremos paz, el no renunciar jamás a los caminos de Dios, que se escuche nuestra voz en el altar de los cielos pidiendo nobles anhelos; Él nunca nos dice adiós. Autor: Eliseo León Pretell Houston Texas, EE UU Enero, 2009 Derechos reservados E-mail: zorzal47@hotmail.com E-mail: ellepre@hotmail.com



              



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