¡Sí, yo soy tu ángel... nada, temas! Me ha enviado el Señor, para que tu camino te llene de rosas. Él siente alegría de ver ese corazón, que cada día misericordia emana, dando siempre amor y comprensión. ¡Sí, yo soy tu ángel! ¡Mira cuantas rosas, te he traído... por años he estado a tu lado! desde que has nacido... Mi alma juró que te sería fiel. ¿Recuerdas, que de niña jugabas conmigo? Yo te traía estas mismas rosas perfumadas, prendiéndolas en tu pelo. Tú siempre corrías alegre y sonriente, como si fueras también un ángel. No sabías del dolor, ni sentías tristezas en tu pequeño corazón. Hoy que has crecido, ya no juegas conmigo... pero yo, aquí sigo a tu lado y con el mismo amor te amparo de todo lo malo. Rosas perfumadas te traigo cada día... Pero tú ya no sientes el perfume, porque corres muy de prisa. ¡Cómo el tiempo ha pasado, que me has abandonado! Yo, que soy tu ángel destinado, por Nuestro Señor tan divino. ¿Será, que has crecido muy rápido... o es que ya no me necesitas? ¡Mi niña adorada, de la infancia... mi niña, antes pequeñita! ¿Cómo es que has crecido, sin que yo lo haya advertido? ¡Pero no... no me eches al olvido! ¡Ven, mi niña... siéntate aquí conmigo! ¡Sí, ven para que sientas alivio! Cuéntame, niña... ¿Cuál, es tu martirio? Otra vez estaremos juntas, entre las rosas perfumadas. Autora: Evalyna

                        


imagen central: Evalyna
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