Hoy quiero decirles, lo mucho que aprendí... Que la vida no disfruté, para amarla y saber que de verdad, yo estaba viva... Muchas veces me perdí, en lugares distantes... Me dormía sin saber, que debía vivir, hasta que una noche sin querer me desperté. Me desesperé y sola me sentí, sin amor, perdida en mis noches... Al tratar de levantarme me sorprendí, que mi cuerpo no respondía y me lamenté... ¿Por qué Dios, de mí se alejó? me preguntaba. No entendía, yo no lo vi... pero Él, sí estaba. Entonces, escuché su dulce voz que me decía: ¿Me llamabas, querida hija del alma mía? ¿Por qué te hace daño saber lo que perdiste, sin importarte todo lo que tenías, ni valerte nada? Te di la vida, sin antes cuestionarte, ni pedirte que la tomaras tan desilusionada. Ahora que ya estás al borde de tu larga caminata, dices, que no estás acompañada del que tanto te ama... que te dejé sola en el camino, equivocada... Estás mal y quieres que te devuelva a la vida. Dices que quieres llevarla con amor y ternura, Aunque así fue como yo, te la di al entregártela. Quizás es que no has vivido, y voy a regresártela... Verás que siempre hermosa la sentirás al vivirla. Me duele, lo que siempre has dicho de mí, hija mía... pero al fin te has dado cuenta que la vida, es para amarla y vivirla, como el Señor manda. Sabrás entonces, que nunca te faltó nada. Me levanté y caminé arrepentida y asustada, pensando que yo no valía nada y que Dios nunca me había dejado abandonada... ¡Sí, yo no sabía cuan equivocada estaba! Señor, te suplico... perdóname y perdona, al que no disfrute la vida, como yo la llevaba. Autora: Evalyna

                    




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